Una dulce pizca de piña y miel abre la fragancia, pero no te dejes engañar: es solo la calma antes de la tormenta.
Entra el almizcle: crudo, carnal y primitivo.
La calidez de la nuez moscada y la riqueza terrosa del pachulí llevan la fragancia a la naturaleza salvaje e indómita.
El jazmín coquetea con las especias, amplificando el embriagador encanto sucio.
Luego vienen la vainilla y el caramelo, pero no del tipo suave e inocente.
Es una dulzura oscura y seductora, entrelazada con la energía pura del almizcle.
Un gruñido sexual de algalia impregna la base, mientras que el ámbar y el haba tonka dejan una estela que perdura mucho después de haber salido de la habitación.
¿La impresión final?
Sucia, sucia y sucia. Este es el almizcle en su estado más primitivo.
INSPIRACIÓN
UN ALMIZCLE PRIMITIVO, DESATADO.
ADÉNTRATE BAJO TU PROPIA RESPONSABILIDAD.
Olvídate de la limpieza, la cortesía y la inocencia.
Este es el almizcle en su forma más pura: crudo, indómito y sin complejos.
Es el almizcle del contacto piel con piel, calentado por la noche, adherido a las sábanas mucho después de que los amantes se hayan desvanecido.